lunes, 30 de enero de 2012

Etimología


Etimología: el origen de las palabras


che


Es un vocativo, actualmente reservado al trato íntimo, empleado en Uruguay, Argentina y también en el portugués del sur de Brasil (tche). Es de origen guaraní, lengua en la cual significa ‘tú’ o ‘usted’. Su uso no siempre se limitó al trato íntimo: en narraciones de tiempos coloniales es frecuente encontrar diálogos en los que se incluye che, Coronel, como tratamiento de respeto. El apodo del Che Guevara le fue dado por sus compañeros cubanos, como se sabe, por el empleo frecuente que hacía de este vocativo que les sonaba tan extraño. Corominas menciona el che valenciano, pero nada indica que el che del Cono Sur tenga ese origen; parece tratarse más bien de una coincidencia de esas que a veces se presentan en los estudios etimológicos.
Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.
(Fuente: http://www.elcastellano.org)


Che es una muletilla de naturaleza vocativa o apelativa, es decir para llamar la atención, que aparece en el Idioma español en diferentes dominios de habla de la lengua con diferentes usos.


Geografía

Es utilizado comúnmente en ArgentinaUruguayParaguay y algunas partes de Bolivia, en una variante del portugués brasileño hablada en Rio Grande do Sul; así como también en el este de España, particularmente en la Comunidad Valenciana (situada en el centro-este del país) y zonas limítrofes. Y también en Galicia, se cree que los latinos dicen "che" por la migración gallega que hubo.


Uso


Según el Diccionario de la RAE2 se usa en Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Valencia y Galicia para llamar, detener o pedir la atención a alguien, o para denotar asombro o sorpresa.
En Argentina, el uso de la expresión denota confianza y es utilizada para enfatizar.3
En la Comunidad Valenciana se utiliza con múltiples connotaciones, por ejemplo tiene un uso similar a a) oyehombre¡mira! o ¡vaya!, por ejemplo "Xe, ja havíem parlat d'això" (Oye/mira, ya habíamos hablado de eso): es frecuente que en valenciano se use junto con el pronombre "tu"; b) para expresar enfado "Xe tu, ja hem tornat a fallar" ("Joder, ya hemos vuelto a fallar"), para reafirmar o enfatizar ideas "Que sí che, que yo lo he visto" (Que sí hombre, que yo lo he visto) u otros múltiples usos comodín llegando a usarse por el mero hecho de hacerlo a modo de muletilla sin significado concreto.
En los demás países hispanoamericanos, especialmente en México y los países centroamericanos, es la palabra que se usa para decir "argentino", por el abundante uso que los mismos hacen de dicha interjección.4
Se pronuncia de la misma manera pero se escribe de diferentes maneras según el lugar donde se hable, por ejemplo se representa como tchê conforme a las reglas de escritura de lalengua portuguesa.,5 la forma de escribirlo en valenciano es "xe" pronunciándose igual.

Etimología


No existe consenso respecto al origen del che rioplatense.
Hay quienes dicen que deriva de la palabra guaraní. En el guaraní argentino hablado por personas del Noreste argentino, "che" se pronuncia [CHE] y no [SHE]; [SHE] se pronuncia enParaguay. " Che" en guaraní, es el pronombre personal "yo" o el posesivo "mí" (de esta manera la frase "che coronel" significa 'mi coronel'); en el interior de Corrientes se suele utilizar la palabra "che" para decir "mi". En idioma mapudungun o mapuche significa 'gente' y conforma muchos gentilicios de la región, sin embargo no tiene ningún uso vocativo o expresivo. El uso del "che" rioplatense precede al menor contacto con los araucanos. También podemos encontrar este vocablo en el idioma quechua en la sierra norte del Perú (Ancash) y en parte del Ecuador usado como interjección de atención equivalente a "¡oye!"
Por otra parte, en la Comunidad Valenciana (España) esta interjección es muy frecuente desde hace siglos de antigüedad,6 habiendo murales antiguos con la misma, lo que hace pensar, bien en un parentesco con el che rioplatense, bien en una coincidencia, de ahí entre otras cosas que al equipo de fútbol Valencia CF, se le llame equipo ché. El che valenciano se escribe normativamente xe en lengua valenciana aunque posiblemente escrito ya desde largo tiempo con ch hasta la llegada de la normalización linguistica. El xe valenciano se pronuncia con una e abierta que en algunos lugares se alarga para enfatizar. Un dato a favor de una posible relación entre el che sudamericano y el valenciano, es el hecho de que el juego de cartas por excelencia del cono sudamericano, el truco, extendido por amplias zonas de Argentina y Uruguay, que es también muy típico y exclusivo de la región de Valencia, donde recibe el nombre de truc (que significa truco, en lengua valenciana), siendo prácticamente desconocido en el resto de España. Hay que apuntar que en la provincia de Castellón la tendencia a abrir la e ha derivado en que la expresión usada ser cha en lugar de che, aunque se usa en las mismas circunstancias. En Nicaragua, ciertas comunidades rurales de la región norteña lo usan como exclamación, asombro o asco, tal vez por la inmigración extranjera tanto de Europa como de Sudamérica en pasados siglos, pero si es de uso cotidiano en el léxico de los campesinos de la susodicha región principalmente en las comunidades de Sebaco.
El hispanista Ángel Rosenblat relaciona el che rioplatense y el che valenciano (idéntico al argentino/uruguayo en significado y usos) al antiguo vocablo español ce, con que se llamaba, detenía o hacía callar a alguien. Este ce tenía antiguamente una pronunciación parecida a [tse], lo que explica el paso a che. Según Rosenblat, en ciertas zonas de Lombardía, en Italia, existe una expresión parecida, ce, pronunciada che con los mismos significados y usos que el che rioplatense y el valenciano, pero no aclara si están relacionados. Aunque tras unos cuatro siglos de dominación por parte de los aragoneses de la Corona de Aragón, y su extensión lingüística, en la isla de Cerdeña lo certificaría, pues se suele oír a menudo la exclamación  (pronunciada ché). Pero, más bien que ser una manera para llamar a alguien, es una exclamación de maravilla o estupor.
También se hace descender al che valenciano (independientemente de su relación con el rioplatense) con el imperativo árabe shuf ("mira").

Curiosidades

  • El Valencia Club de Fútbol es conocido como el "equipo Che" o simplemente "los Che". Asimismo se usa para designar una persona que es de Valencia.
  • En otros países latinoamericanos, el término 'che' es utilizado para referirse a una persona de origen argentino y, de hecho, ese fue el motivo por el cual Ernesto Guevara fue apodadoel Che. De igual manera, en España el término 'che' es utilizado para referirse a una persona de origen valenciano.

[editar]Referencias

  1.  Encuentro digital con Pacho O'Donell - 25 de junio de 2003 - elmundo.es 
  2.  Diccionario de la lengua española - RAE 
  3.  Turismo Bs As - Sitio oficial de turismo de la Ciudad de Buenos Aires 
  4.  http://www.stylers.com.ar/cultura-y-educacion/2678-que-significa-che-o-o.html : "En otros países latinoamericanos, el término 'che' es utilizado para referirse a una persona de origen argentino o uruguayo y, de hecho, así fue como el Che Guevara y el Che Copete adquirieron su sobrenombre."
  5.  Dicionário inFormal 
  6.  Etimología e historia del che valenciano 





viernes, 27 de enero de 2012

Términos de Gastronomía


Palabras bastardeadas: los términos que la gastronomía gastó para siempre


Recetas de la abuela, happy hour, cocina de mercado... Los restaurantes y productores locales se adueñaron de definiciones y las convirtieron en lugares comunes. Aquí, una guía para interpretar esta nueva jerga sin sentido.




Alguna vez estas palabras significaron algo. Si las leías en el envase de un producto o en la puerta de un restaurante te daban información. Es caro. Es barato. Lo hizo un chef famoso. No tiene aditivos. Hoy esas mismas palabras están vacías de contenido. ¿Qué quiere decir que algo es “de la abuela”? Que tiene una vieja dibujada en la caja. ¿Cocina contemporánea? Que hay woks y ensaladas. ¿A las finas hierbas? Que tiene una cucharada de orégano y otra de provenzal. Reales o inventadas, estos términos ya no significan nada. Todos sabemos que una bruschetta ya no es más que una tostada.

1. Todo es “gourmet”
Alguna vez, este adjetivo significó que estábamos en presencia de un producto exquisito, refinado, sólo para paladares negros. No cualquiera podía ser gourmet. Era un lugar que se ganaba a fuerza de sabiduría culinaria y glamour. El tiempo pasó, y hoy, para bien o para mal, cualquier producto que tenga alguito más que su versión standard califica para entrar en ese paraíso y se puede cobrar un poco más. Incluso cuando ese supuesto ingrediente extra sea más burdo y común que el agua. Olvídense de las trufas negras, de la pasta seca italiana, de olivas de Kalamata, o del perfume de un aceite de oliva extra virgen español. Hoy, hasta las cadenas de empanadas ofrecen especialidades que según ellos son “gourmet” porque tienen unos pedazos de panceta  o de pollo flotando en un mar de salsa blanca. 

2. Cualquier cosa es un “lounge”
¿Tenés un barcito oscuro en algún sótano repugnante con olor a humedad? ¿Pintaste las paredes de negro y compraste pufs y sillones de cuerina blanca por Mercado Libre a doscientos mangos? ¿Viene tu primo segundo a pasar música y hay un barman haciendo tragos de colores con los licores más baratos? Tenemos buenas noticias para vos. Ahora esa cueva infernal también es un lounge. De hecho, si querés, puede ser un restó + bar + lounge + wine bar + pisco bar + espacio gastronómico y todo lo que vos le quieras agregar. No tengas miedo y sé creativo. Aunque tu cueva tenga veinte metros cuadrados y quede al lado de la estación Virreyes, si suben la música al palo y la gente está de levante en la barra, podés pintarle “lounge” en la entrada del local.

3. Cocina Fusión vs. Cocina Confusión
Tenemos claro que la comida evoluciona, se mezcla, se transforma, y que la cocina de un país se nutre de otras culturas e incorpora ingredientes que la mantienen viva, en tránsito permanente. De hecho, uno de los resultados más exitosos de estos malabares es ese hijo llamado “cocina fusión”: una suerte de síntesis entre dos tradiciones culinarias que dan lugar a un tercer sabor que tiene algo de ambos pero que no se parece a ninguno de los dos. ¿Cómo se logra? Es complicado. Balanceando ingredientes de un país con una forma de cocción de otro, por ejemplo. O realizando un plato tradicional que incluya procesos, técnicas o aromas de otra cultura. Desgraciadamente, esta interesante balance que nos permitió disfrutar de maravillas como el sushi peruano-japonés o la cultura tex-mex, hoy agoniza asfixiado por la caradurez de unos cuantos restaurateurs que llaman “cocina fusión” al rejunte de platos que ofrecen en sus temerosos e indecisos menúes de cocina internacional. Basta con pedir sushi para ver que algunos se están pasando de vivos y haciendo chanchadas. Sumar no es fusionar, muchachos. Si ponen guacamole, pollo, jamón crudo y salmón en un roll de sushi, tendrá más ingredientes que una torre de panqueques, pero de fusión no tiene nada. 

4. Todo es “del bosque”
Ahora resulta que los sabores concretos no existen más. Los yogures, los jugos, los dips ya no son de frutilla o de salmón, sino “del atlántico”, “de las sierras”, “del mediterráneo” o peor, “del bosque”. Hay frutos del bosque, hongos del bosque, aromas del bosque. Falta el mondongo del bosque y estamos todos. ¿Alguien sabe qué diferencia hay entre los frutos del bosque o los frutos finos? ¿Entre los del bosque y los rojos? ¿Entre los del bosque y los patagónicos? Nadie tiene idea. Cualquier mezcla de fruta más o menos roja o bordó puede entrar en esta categoría. Sabrán los que han destrozado este término en qué bosque crecen tantas cosas. Debe ser algún otro lugar imaginario porque nosotros hemos recorrido amplios pinares en busca de arándanos y de champignones y lo único que encontramos fueron pedazos de vidrio y algunas maderitas para el asado.

5. Artesanal
Tradicionalmente, la palabra artesanal se empleaba para describir aquellas cocinas o productos que estuvieran hechos a mano, con recetas familiares, bajo un proceso tradicional libre de máquinas. Una mozzarella hilada manualmente, por ejemplo. O un turrón realizado por monjas, moldeado uno por uno, con almendras elegidas y tostadas por sus ojos golosos e implacables. Hoy todos sabemos que artesanal ya no es antónimo de industrial sino sinónimo de improvisado, de peligroso. Basta entrar a Mercado Libre o plantarse en una feria para ver que cualquier mermelada hecha con fruta de Coto y azúcar Chango en un antiguo frasco de mayonesa se ofrece como un producto artesanal simplemente porque los dueños no tienen medios para ponerle una etiqueta, conseguir una certificación, o pagar un envase nuevo. Las consecuencias son penosas. No sólo es un peligro, sino que cada vez es más difícil distinguir un buen producto de un cachivache manufacturado por una horda de improvisados.

6. Todos tienen un bistró
Originalmente, un bistró es un barcito o pequeño restaurante francés de precios accesibles en donde se servía vino, café, algunos quesos y un par de platos sencillos pero chic. Y hasta no hace mucho tiempo, acá también era algo así: un restaurantito adorable y bohemio atendido por su dueño, que compensaba la falta de espacio y la carta corta con un clima familiar y cocina casera. Hoy en día, bistró es sinónimo de chico y nada más. Cualquier bar diminuto con cuatro mesas, un baño compartido en el que no entra ni el secador de manos, y una kichenette con un hornito eléctrico, se incluye dentro de esta estirada categoría. ¿Qué es ir a comer a un bistró? ¿Qué vamos a encontrar? ¿Qué diferencia hay con un bar, un restaurante, una parrilla, un paladar, una cantina? ¡Ninguna, si todo da igual!

7. La mentira “de autor”

Desde que existen tantas escuelas de gastronomía, la Argentina se ha transformado en un semillero de chefs de veinte años que nunca pisaron la cocina de un restaurante. Y como estudiaron (y tienen un título que dice “chef profesional”), no piensan hacer recetas tradicionales de la cocina francesa o española, porque están para mucho más. Son artistas. Autores. Genios. Son los nuevos Ferran Adrià. Las consecuencias se ven, sobre todo en los polos gastronómicos de moda, en donde hay un “restaurante de autor” por cuadra, cuyo menú no es más que un rejunte de caprichos inconsistentes y delirantes que te fruncen el paladar. 

8. El misterio de lo “natural”

“Natural”, una palabra tan de moda en los barcitos de Palermo, hoy en día no es más que un término que cobija todos los productos, restaurantes y cocinas que no tuvieron las ganas de hacer el esfuerzo de ser orgánicos, el ingenio o la sapiencia para ser bajas calorías de verdad, la rigurosidad para ser veganos o macrobióticos, los medios o el dinero para abastecerse únicamente con producción local, y ni siquiera la astucia de hacer algo light o más liviano que lo habitual. “Natural”, como mucho, es una definición que podría llegar a sugerir que en la carta hay más verduras que en una parrilla o en un bodegón, pero no mucho más. No significa nada porque han abusado de la palabra, pero también porque “natural” es todo, desde una crema de manos hasta una silla de madera tallada. 

9. Premium, etiqueta negra y otros delirios
Hasta donde sabíamos, “Premium” era un producto o una línea con un valor agregado que lo ubicaba en el segmento más alto de consumidores. La etiqueta de vinos más sofisticada de una bodega, por ejemplo. Un aderezo con los mejores ingredientes. Un combo con las mejores opciones del menú. Sin embargo, con el tiempo se le agregó la palabra “premium” a tantos cachivaches que hoy no significa nada. En un mismo menú hay una opción premium, otra pro, una deluxe, una completa, y alguna súper / híper / mega / recontra Premium intergaláctica. Es como si de repente hubieran puesto el acento en todas las sílabas y todas tuvieran la misma importancia. Todo es tan bueno, que nada vale más. Díganle adiós a las épocas de whiskies Premium, porque por como pinta el mercado, la palabra está apareciendo en pañales para adultos, botellones de kerosene y duraznos en lata.

¿QUE SIGNIFICA HOY…?

Grillé: cualquier cosa a la plancha.
Bruschetta: tostada o pan duro con cosas arriba. 
Al azafrán: todo lo que venga coloreado o cocido con esos condimentos para arroz amarillo flúo.
Dorados: al horno.
Finas hierbas: con dos cucharadas de provenzal Alicante.
Dip: mayonesa o queso crema mezclado con algo.
Bagel: pan redondo con un agujero y gusto a pebete.
Pesca del día: merluza.
Cocina contemporánea: recetas que hace poco vimos en televisión con algún producto de moda.
Cocina de mercado: Nada.
Integral: con salvado agregado.


Por Carolina Aguirre / Ilustración: Florencia Capella

WE LOVE MOVIES!!

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HILARIOUS VIDEO!

Bohemian Rapsody by The Muppets!!

Un Peluche Llamado Mundo


Cine

Un peluche llamado mundo

La nueva película de los Muppets genera otra vez la misma pregunta: ¿por qué estos muñecos no pasan de moda ni dejan de seducir espectadores?

LEONARDO M. D'ESPOSITO

Contrariamente a lo que puede pensar el lector, los Muppets tienen más de cincuenta años. Es cierto, están ahí desde –casi- siempre, desde que se iniciaron en la televisión de Washington con un programita de quince minutos llamado Sam and Friends, tras pasar por lugares célebres como El Show de Ed Sullivan, el Tonight Show de Johnny Carson o incluso las primeras emisiones de Saturday Night Live. Son la marca indeleble de esa máquina de producir inteligencia infantil llamada Plaza Sésamo (ejemplo de lo que es una TV didáctica de verdad) y son uno de los fenómenos más perdurables de la cultura popular contemporánea. Y también, claro, los protagonistas de El show de los Muppets, una de las diez razones por las cuales la televisión tiene asegurado el perdón eterno.

La pregunta es por qué. Por qué están allí ahora, por qué nos resultan irresistibles sin importar la edad. Por qué un arco estelar que va de Orson Welles a Jack Black participó de sus diferentes aventuras en cualquier tamaño de pantalla. Son muñecos, títeres de todo tamaño y técnica, de colores chillones que los definen. Son los hijos tridimensionales de los cartoons clásicos, aunque los superan. Son la demostración de que el arte consiste en hacer mucho con poco: los ojos fijos e invariables de Kermit (René, sí, era René) son capaces de todas las emociones humanas. Y ahí está la clave.
Los Muppets están definidos con los pocos rasgos de una caricatura. La caricatura siempre se basa en un proceso de abstracción, en tomar lo esencial de cualquier cosa y traducirla a sus elementos primordiales. Además, violan constantemente las reglas de la física y la biología como los cartoons. Pero no son cartoons porque tienen tres dimensiones, se pueden “tocar”, aparecen en el mundo real al lado de personas de carne y hueso. Son la caricatura de la vida cotidiana incluso desde el material que los compone: la tela y el tejido que nos suele cubrir (disfrazar) ante el mundo es su propia piel. Esa doble perspectiva de ser pura invención y ser, también, algo concreto y real es lo que atrae nuestra imaginación y provoca nuestra empatía completa; también la llave que nos permite, peluche mediante, ingresar al lado absurdo de la vida cotidiana.
Los Muppets han hecho de la sátira del mundo del espectáculo un mundo en sí mismo, con reglas consistentes. En realidad, con una sola regla: todo se puede inventar y todo es posible sí y sólo sí se mantiene el estado de maravilla y de empatía. Parece difícil y lo es: implica que todo lo extraño funcione como algo posible y real. Es decir: requiere adoptar la postura de que absolutamente todo en nuestro mundo es comedia y que las tres mejores cosas que tiene son los niños, el helado y la risa.
La nueva película, Los Muppets, es un manual que permite comprenderlos sin que nadie nos explique. La idea de un personaje que es un muppet porque simplemente es un muppet –el protagonista y puente entre nuestro mundo “real” y el universo pelúchico, Walter- es en cierto sentido subversiva para un Hollywood donde todo debe tener explicación. Pero es, también, la propia definición del universo Muppet: las cosas son sin que medie una razón profunda, una necesidad lógica. Eso, que podría ser arbitrario, responde a una lógica realista: también “nuestro” mundo es como es sin que, a veces, medien explicaciones. Al transformar el azar en un puro espectáculo colorido, los Muppets nos permiten reírnos del universo sin colocarnos “por encima” en una perspectiva olímpica y cínica.
No se trata de eso, sino del humor, de la gracia de reírse del absurdo. Es lo que implica que “Smells like a teen spirit” de Nirvana diluya su carga de angustia y rabia cantado a cappella en forma de cuarteto; lo que aniquila el falso puritanismo estadounidense de hacerle cambiar la letra a “Fuck You” de Cee Lo Green (como si prohibir las palabras implicara que nadie más las diga) al hacerla cantar por cuatro gallinas.
Hay otro dato importante: el filme ha sido escrito por su protagonista Jason Segel, que es un fanático absoluto de los Muppets. Pero más que un fan es alguien que los comprende, que entiende que la comedia es la falsedad ostensible que por un rato nos invita a creer que todo eso es verdadero. Segel –el profesor de gimnasia del filme Malas Enseñanzas- es un muppet por definición y sabe que todos, en las relaciones diarias, nos vestimos también de muppets.
Uno puede decir tranquilamente que se trata de una película “para grande y chicos”, o de personajes “para grandes y chicos" y es cierto pero no tanto. Los Muppets -película o personajes, lo mismo da- son la marca del juego y el juguete que osan decir su nombre y mostrar qué sentido tienen en nuestro mundo: ni más ni menos hacer visible y cómico lo invisible y trágico. A eso nos dedicábamos con nuestros propios muñecos: si a eso se le suman agudeza, ironía e inventiva adulta, tenemos los mejores juguetes del mundo. O el mundo transformado en el mejor de los juguetes: monstruoso y colorido, atractivo y gracioso, musical y absurdo. Un mundo Muppet.